| Podemos analizar la situación presente considerando que la economía del país de referencia tiene tres objetivos:
1. Alcanzar un crecimiento potencial suficientemente rápido para garantizar el empleo de la mano de obra. El aumento de la tasa de crecimiento potencial se logra con políticas de oferta que operan en el medio-largo plazo. Como actualmente el crecimiento real es muy inferior al crecimiento potencial, consideraremos aplazable la actuación sobre este objetivo y nos limitaremos a los dos siguientes. 2. Lograr que el crecimiento real de la economía se iguale a su crecimiento potencial. 3. Garantizar la estabilidad de la relación deuda pública-PIB.
Para alcanzar estos dos objetivos, la economía puede, en principio, contar con dos instrumentos, que son: el manejo del tipo de interés nominal y la política fiscal cuyo impacto puede medirse por el déficit primario. En circunstancias normales es posible alcanzar ambos equilibrios simultáneamente, es decir, se puede encontrar una combinación de tipo de interés nominal y de saldo fiscal/PIB con los que la relación deuda/PIB es estable y también lo es la tasa de inflación al situarse la economía en su tasa de crecimiento potencial.
¿Qué sucede si esta economía experimenta una perturbación contractiva? Que, de pronto, peligra el logro de ambos objetivos: el crecimiento de la economía será menor que el potencial, lo que generará la aparición de tensiones deflacionarias, y esta reducción del crecimiento tenderá a favorecer el aumento en el tiempo de la relación deuda/PIB.
Para resolver esta situación, la medida pertinente sería una reducción del tipo de interés nominal porque estimula el crecimiento y, al mismo tiempo, reduce la acumulación de la deuda. Un aumento del déficit fiscal es, en principio, menos aconsejable porque, aunque estimularía el crecimiento, haría crecer la deuda más rápidamente.
Aplicamos, pues, reducciones del tipo de interés nominal, pero cuando éste se hace nulo sin haber logrado neutralizar la perturbación, nos queda como único instrumento disponible la política fiscal. Y sucede que el déficit/PIB necesario para que la economía se sitúe en su crecimiento potencial es muy superior al que permitiría mantener constante el peso de la deuda en la renta nacional.
La política económica se enfrenta, pues, a un dilema cuyas soluciones extremas serían:
A. Lograr déficits fiscales tan cuantiosos como sea preciso para reconducir la economía a su crecimiento potencial sin preocuparnos por el aumento en la relación deuda/PIB que va a producirse. El déficit necesario para alcanzarlo será menor cuanto mayor sea la tasa de inflación, porque ésta reducirá el valor del tipo de interés real.
B. Reducir el déficit primario/PIB hasta aquel valor que garantiza la estabilidad del peso de la deuda en la renta. La consolidación fiscal necesaria dependerá del tipo de interés que devenga la deuda, de la tasa de inflación y del crecimiento de la economía.
Obviamente, podremos determinar un déficit intermedio entre los dos definidos anteriormente, en cuyo caso el crecimiento será inferior al potencial –aparecerán tensiones deflacionarias y, al mismo tiempo, la relación deuda/PIC crecerá período tras período.
¿En qué punto situarnos entre estos dos extremos? ¿Qué política fiscal es la aconsejable en una economía en recesión y en trampa de liquidez de un país periférico miembro de la Unión Monetaria Europea? Este es el problema que nos planteamos y que vamos a intentar resolver analizando las siguientes propuestas. VER TRABAJO COMPLETO [DESCARGAR PDF] |